Todos sabemos que el mundo mac es sorprendente y pleno de magia, pero lo que no todos saben es que de vez en cuando esa magia viajera logra llegar a nosotros como si alguien cerrara los ojos y su pensamiento acudiese rodando hasta el nuestro, como si alguien lanzara un comando oculto del sistema y abriese una sesión de compartir pantalla desde sí hasta nosotros, que nos traspasa como una conmovedora melodía. Fue que andaba provisto de mis cascos con micro delante de mi iMac cuando, de una forma distraída, empecé a canturrear el tema “Estrella errante” (Wandering Star), que hizo famoso Lee Marvin en la película “La Leyenda de la Ciudad Sin Nombre”, y de pronto, en una nota especialmente baja que logré dar con mi robusta voz de hombretón, se produjo una suerte de conmoción en el Sistema que me desinstaló de cuajo Spotify, hizo saltar iTunes desde el dock e, instantes después, sentí como si me atizaran con un palo en la nuca, cuyo efecto me agrandaba la cabeza por dentro y ese inmenso vacío se llenaba de una luz blanca deslumbrante que recorría cientos de metros de sala donde iban apareciendo largas mesas cubiertas de macs, macbooks, iphones y otros dispositivos completamente desconocidos, todos conectados por una gruesa masa gris a una esfera central negrísima que palpitaba como un corazón de tinta de calamar sin entrañas. Avanzaba por las calles que formaban las mesas curioseando todo mientras también avanzaba el proceso de carga y descarga de datos a un dispositivo nuevo que empezó a sincronizarse en mi iTunes a una velocidad de órdago llamado iPareJobs, y fue entonces cuando me di cuenta de que Steve y yo estábamos en línea. Noté pequeñas convulsiones a medida que Steve perdía los blancos y grises y ganaba verdes, rojos y amarillos, lo que aproveché para fijarme en lo que tenía delante, justo el tablet de Apple, bueno, en realidad eran cuatro o cinco prototipos de diferentes clases de dispositivos que agrupaban el mismo concepto. Pasmado me quedé de la osadía y la visión de ese hombre, aunque, claro, entonces su visión era la mía y pasmado me quedé disfrutando de mi visión.
¿Qué había concebido el genio de Jobs? Primero, nada que ver con netbooks, con que los pocos imaginativos han querido desde el principio emparentar el nuevo producto. Y en realidad tampoco que ver con las típicas tabletas que algunas compañías han lanzando hasta el presente. No es un portátil sin teclado ni un iPhone agrandado. Lástima que mis manos no respondieran cuando quise llevarlas a abrir la carpeta de especificaciones que se encontraba junto a los aparatos; sospecho que Steve estaría librando en ese momento una dura batalla para atarme de pies y manos, así que seguí cantando “Home is made for comin’ from, for dreams of goin’ to / Which, with any luck will never come true” y conecté la primera tablet: el sistema multitáctil, ni OS X ni iPhone OS sino uno nuevo, se cargó en menos de tres segundos, fantástico. Vídeo, música, libros, periódicos, revistas y juegos, por un lado, se adquirirán en la Apple Store que será el centro de todo, o sea, el modelo centralizado de negocio de Apple materializado en un dispositivo de características revolucionarias. Por otro lado, un organizador de información y conexión a redes sociales convertirá Mobile.Me en una inmensa Nube o Universo de trabajo a través de WiFi de alta velocidad y 3G+, dejando en el aparato sólo una pequeña zona de respaldo sobre SSD, justo lo contrario de cómo funciona actualmente la Nube.
Próximamente Apple entrará en el negocio de los videojuegos pero no como los concebimos actualmente. Los nuevos juegos de Apple serán, por un lado, fuertemente competitivos y participativos, para jugar en grupos o equipos, y, por otro lado, de gráficos espectaculares en tres dimensiones sin necesidad de gafas especiales ni otros accesorios, para lo cual es clave un nuevo procesador que ha desarrollado tras adquirir PA Semi, y el nuevo sistema de programación que está a punto de lanzar con soporte propio que implica la ya iniciada contratación de personal especializado en juegos. Lo más sorprendente es este sistema de visualización tridimensional en el que todavía está Apple trabajando, que requiere de una pantalla especial de leds, todavía poco madura y, sobre todo, demasiado cara, cuyo remate está obligando a diferir la fecha de salida de la tablet a la segunda mitad del año próximo, lo que, de todos modos, no trastoca sus planes de negocio actuales, pues sé por el propio Jobs que van a dedicar la primera mitad del 2010 a explotar el éxito del iPhone y actualizarlo con algunas nuevas prestaciones de poco calado. Steve se revuelve, lo siento, porque acabo de desvelarle uno de los dos secretos mejor guardados, que aún nadie había desvelado.
El segundo secreto se refiere a que esta tablet, en realidad, es la versión portátil de una nueva plataforma que Apple lanzará a últimos de 2010 o principios de 2011. El Apple TV, concebido desde el principio como un experimento para encauzar el ocio audio-visual de la famlia, desaparecerá como tal y sus extraordinarias capacidades de sincronización de contenidos pasarán a ser proporcionadas por pantallas de leds de 24 a 56 pulgadas con la electrónica de sintonización, sincronización y tratamiento de datos incorporada, que incluirá vídeo, música, texto (prensa y libros), juegos, domótica y organización de la información personal y familiar, con acceso general a internet y, especialmente, a las redes sociales. Apple revolucionó el mundo de la telefonía y está a punto de revolucionar también el mundo del ocio personal y familiar.
Estaba a punto de echar un vistazo, precisamente, al prototipo de unas gafas para convertir el iPhone en un terminal de esa plataforma que, por cierto, aún no tiene nombre oficial, cuando Steve Jobs logró con inusitado esfuerzo entonar un agudísimo “one-more-thing” con voz de castrato y se desenganchó de la matriz, por lo que el iPareJobs desapareció tan misteriosamente como había llegado. Si algún lector tiene suerte cantando a Lee Marvin y entra en contacto con Steve, por favor, que procure darnos más datos. Por mi parte, intentaré cantar próximamente “I have a dream”, de Abba, a ver si me sincronizo con el Presidente Rodríguez Zapatero.